Nueva York es el objetivo de muchos de los que leéis el blog. Bien porque estáis preparando un viaje, bien porque ya habéis visitado la ciudad y os habéis quedado prendados de ella.

Es una ciudad que no deja indiferente a nadie, casi siempre para bien. Y creo que es porque es una ciudad que te hace sentir. Que hace que tus emociones, sean las que sean, se magnifiquen (empiezo a hablar como un participante de Gran Hermano ).

En este post voy a hablar de lo que siento cuando estoy en la ciudad y también antes, cuando estoy preparando el viaje. Porque pienso que muchos de vosotros sentiréis o habréis sentido algo parecido y por eso me apetece mucho compartirlo con vosotros. Espero con intriga vuestros comentarios a este artículo… ¡Allá voy!

1 Alegría

-Vale por un viaje a Nueva York-

Esto es lo que se podía leer en un papelito enrollado en forma de pergamino que estaba dentro de un globo en mi último cumpleaños.

Resulta que cumplía un número redondo de años y mi familia y amigos quisieron regalarme una fiesta sorpresa. Imaginaros qué emoción al verlos a todos juntos, nerviosos por si les pillaba y les arruinaba la sorpresa.

Pero no, no sospeché nada de nada…Y eso que según ellos hubo algunas meteduras de pata durante la última semana en los grupos de Whatssap. Ya sabéis, creas un grupo para el cumple y cuando vas a contestar a algún mensaje te equivocas y lo envías al grupo donde está la cumpleañera. Pero entre que yo estoy en mi mundo y que se adelantaron un poco a la fecha de mi cumple, no me di ni cuenta.

Todo esto os lo cuento porque además de la emotiva fiesta- ADEMÁS- mi familia me regaló un viaje a Nueva York con mi hermana Gema. Mi alegría era como una onda expansiva por todo el barrio.

He de decir que era la primera vez que me enteraba de que me iba a Nueva York de esta manera, aunque espero que no sea la última . Las otras han sido menos épicas pero han tenido en común la profunda alegría que he sentido al saber que el viaje a Nueva York estaba en marcha.

2 Sensaciones relacionadas con la indecisión

Excepto en este último viaje en el que mi familia se había encargado de comprar los vuelos a Nueva York, siempre suelo ocuparme de hacerlo yo. Junto al resto de los preparativos que conlleva un viaje así.

No me quejo, me encanta hacerlo… pero es verdad que hay veces que pienso que me va a dar algo antes de que llegue el día. La indecisión de si debo comprar los vuelos ya o si bajarán de precio, si el hotel que he reservado será cómo espero o debería elegir otro… me provoca algún que otro agobio que casi siempre es resuelto por mi paciente marido que sentencia el tema con un “Lo que tú elijas va a estar bien” Olé ¡Se acabó la indecisión!

3 Miedo

Los miedos aparecen en varios momentos del viaje. Pero pese a lo que podáis estar pensando, sobre todo los que todavía no habéis estado en Nueva York, no es miedo a la ciudad en sí. Una vez que estoy allí dejo paso a otras emociones que os iré contando, pero el miedo no vuelve a aparecer en todo el viaje. Son más bien miedos relacionados con:

-El vuelo- He pasado por varias etapas respecto a mi relación con los aviones:

No miedo + placer por volar

Durante mi juventud más temprana (no la de ahora )

Mucho miedo

En los primeros viajes con mi hija Nora me venían a la cabeza imágenes de aviones estrellados y de hija sin padres o padres sin hija ¡Qué horror! Menos mal que pasó.

No miedo a un accidente pero pereza

Al pensar en hacer un vuelo tan largo con una niña pequeña.

No miedo y algún atisbo de placer de nuevo por volar

En la actualidad. Es decir, estoy retrocediendo a mi temprana juventud ¿Esto será bueno o malo? Bueno ¿no? 

En fin, que entiendo muy bien a los tenéis miedo a volar, pero que Nueva York merece mucho la pena y que ahora hay un montón de alternativas para hacer más llevadero el viaje (químicas, psicológicas, “método Melendi”…)

Otro miedo que antes sentía siempre y que con el paso de los viajes se ha atenuado bastante es el miedo a los agentes de inmigración.

Y no es que yo tenga nada que ocultar ¿eh? a ver si me van a estar leyendo los de inmigración y en el próximo viaje me esperan con toda la artillería.

Es que, ya sea por experiencias que hemos leído o que nos ha contado algún amigo o incluso por experiencias nuestras, los agentes de inmigración de Estados Unidos provocan este sentimiento en casi todos los que tenemos que pasar por su ventanilla ¿No es así?

En su descargo diré que aunque no son tan amables como nos gustaría en ese momento en el que llegamos cansados, a un país que no es el nuestro y del que muchos no dominamos el idioma, en mi caso siempre han sido correctos y si no les he entendido algo de lo que me han preguntado me lo han repetido sin enfadarse ¿Cómo ha sido vuestra experiencia?

4 Desconcierto

Los primeros momentos en la ciudad son abrumadores en muchos sentidos y es normal que nos sintamos algo desconcertados. Nueva York es una ciudad grande, estrepitosa, rápida, que no espera… y al principio puede costarnos un poco cogerle el ritmo. Pero cuando digo un poco me refiero a unas horas, no os preocupéis. Después de pasar por el hotel, daros una ducha y conectaros al WiFi para dar señales de vida a la familia, la ciudad os parecerá más cercana y abarcable y empezaréis a disfrutar de ella a tope.

5 Profunda felicidad

Este es el estado en el que yo me siento durante la mayor parte del tiempo que paso en Nueva York: feliz. Mi familia siempre me dice que salgo muy bien en las fotos que me hago en Nueva York a pesar de ser muy poco fotogénica en el resto de escenarios…Por algo será ¿no?

Cuando estoy en la ciudad, hasta lo que normalmente me enfada e incomoda, me parece que no es para tanto. Disfruto de todo: de lo que veo, de lo que me cuentan, de lo que como (allí tengo digestiones perfectas a pesar de lo grasoso de mucho de lo que me meto para el cuerpo). En fin, que para mí es como estar en trance o algo similar ¿Estoy loca o a alguno os pasa lo mismo que a mí?

 6 Cansancio

Porque no va a ser todo perfecto ¿no?

Nueva York es una ciudad para caminar y disfrutar de todo lo que te vas encontrando en el camino. Sales del hotel por la mañana, empiezas a andar y no puedes parar. Quieres verlo todo y como te gusta lo que ves, sigues y sigues andando a lo Forrest Gump y cuando llega el momento de sentarte ¡Plof! te da el bajonazo de cansancio.

Caes a la cama y no recuerdas ni el momento en el que te dormiste porque fue casi ipso facto. Pero al día siguiente te sientes genial y sigues andando. Ya descansarás cuando vuelvas a casa.

7 Frustración

No son muchos los momentos de frustración que he vivido en Nueva York, todo hay que decirlo, pero creo que todos han sido en el metro. Ahora ya me manejo muy bien, pero hasta que entendí del todo su funcionamiento me perdí unas cuantas veces.

Y es que no es un metro sencillo, tiene muchas líneas y diferentes tipos de trenes. Pero no os asustéis, lo peor que puede pasar es que tengáis que dar la vuelta en algún momento. Así habréis tenido vuestro momento de frustración neoyorquino y podréis completar mi lista 

8 Enfado

Como os decía antes, lo que normalmente me enfada en mi vida cotidiana, en Nueva York pasa a un segundo plano. Si he tenido algún momento de enfado, sobre todo en los primeros viajes, ha sido por las dichosas propinas que hay que dar por casi todo. No estamos acostumbrados (o por lo menos yo no lo estoy) a dejar entre un 15% y un 20% de propina en restaurantes, taxis…

Ahora ya no me hago mala sangre, he asumido que es como funcionan allí y ni siquiera eso me enfada.

9 Tristeza

Seguro que adivináis cuando me pongo triste… Cuando se acaba el viaje, claro. Sobre todo el último día, empiezo a sentir nostalgia y eso que todavía estoy allí.

10 Esperanza

Esperanza por volver pronto. Eso es lo que siento en cuando despega el avión de vuelta a casa.

Y vosotros ¿Compartís alguno de estos sentimientos? Contadlo un poquito más abajo, en comentarios.

Gracias por leerme,

LAS 10 TIENDAS QUE NO TE PUEDES PERDER EN NUEVA YORK
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