Tengo que contaros que comienzo a escribir este post emocionada.

¿Sabéis cuando alguien a quién no conoces te da mucho más de lo que puedes esperar?…No penséis mal…No he abandonado a mi chico por un desconocido 🙂

Hablo de Gema y Carlos, la pareja de Zaragoza que hoy nos cuenta su historia en NY y tú.

Es un gustazo cómo relatan su viaje, ya lo veréis. Y como estoy segura de que leerlo os va a encantar y además os puede ayudar a preparar vuestro viaje, he abusado un poco de su generosidad y les he hecho un montón de preguntas que ellos han hecho el esfuerzo de contestar y encima dando un montón de detalles.

Así que, todo mi agradecimiento y cariño para vosotros: Gema y Carlos 

Una de las preguntas que les hacía, era si Gema animó a Carlos o Carlos animó a Gema a ir a Nueva York. Y  esto es lo que me contestaban: “Hay que reconocer que era Carlos el que soñaba desde adolescente (cinéfilo y letraherido) con este viaje, pero fue Gema quien lo animó. ¡Y desde que nos decidimos hasta que montamos en el avión pasaron un par de semanas!”

Esto es si que es dicho y hecho 🙂

No me enrollo más y os dejo con la historia en Nueva York de Carlos y Gema:

“Del 16 al 23 de marzo de este año estuvimos de vacaciones en Nueva York.

Después de décadas de pelis y novelas, de semanas de opiniones de Internet (¡benditos los blogs como el de Nuria!) y de repasar la guía de viaje hasta la extenuación, la noche del 16 nos pateábamos Times Square.

Primera decepción: ¡qué pequeñita! No obstante, ya nos habían advertido algunos amigos de que la primera impresión te dejaba plano pero luego todo iba a mejor…

Drag Queen

Lo que más me sorprendió del primer día es lo a mano que queda todo: el Empire del Flatiron y del Chrysler, por ejemplo.

Empire State

Claro que nosotros nos hospedábamos en el *Pennsylvania (al final podéis ver la experiencia en el hotel), frente al Madison Square Garden, un mamotreto en la 7ª, viejito pero céntrico.

Lo cierto es que lo esperaba todo más lejano y grande, pero NY no deja de ser como otra gran capital: lo más relevante se encuentra en un centro próximo.

El día que fuimos a Battery park para coger el Ferry hacia Liberty y Ellis Island sí que pillamos metro, pero a la vuelta tanto el memorial 11S, como Wall St. y el puente de Brooklyn lo hicimos de paseo.

Dos cosas de la temporada en la que hemos viajado: las colas para los monumentos y para los controles de seguridad son mínimas y ligeras; y las noches son heladoras (sacamos fotos del Skyline desde Brooklyn al atardecer, pero no nos quedamos a la noche por el frío).

Por cierto: desde Brooklyn hasta el Midtown cogimos un taxi y no nos pareció nada caro… ¡en comparación con España!

Ardilla

Tuvimos suerte porque el jueves nos hizo día primaveral y se lo dedicamos a Central Park (previo paso por Tiffany & co. Gracias a Nuria, nos fuimos a la tercera planta: plata para los guiris…), pero el viernes, día de MoMa gratuito, cayó una nevada que en dos horas cubrió toda la ciudad como no veía hace años en mi Zaragoza.

Nieve

Pudimos ver NY con nieve (un privilegio), sol, frío, calorcito… ¡Y todo en una semana!

Lo que más me gustó fue el día que le dedicamos a Chinatown, donde *comimos de vicio (más información al final), compramos a tutiplén y vimos la arquitectura que exactamente esperábamos.

Con nuestros *cannolis de dos tipos, ambos muy ricos, de Little Italy (los compramos en Café Roma, en la esquina justo donde cuelga el cartel de “Welcome to Little Italy”) bajamos hasta Greenwich y acabamos disfrutando de un espectáculo musical (la verdad es que también estaba pensado para turistas) en el Radio City. Como no acabamos en ningún teatro de Broadway…

Little Italy

Lo que me dejó más bluff fue el Museo de Historia Natural. Tantas salas repletas de dioramas y demás acaban por apabullarte y te dejan exhausto.

No me quiero liar más. Espero que estas líneas animen a otros a vivir la experiencia que disfrutamos tanto mi esposa y yo. Gracias por darnos la oportunidad de compartirlo”.

Gema y Carlos.

*Sobre el Hotel Pennsylvania:

“Cuando buscamos un hotel hay dos cosas que tenemos en cuenta:

La primera es que sea céntrico (y este no sólo lo es. Cuando abrimos la ventana, anochecido ya, nos encontramos con un primer plano del Empire State Building, lo cual fue nuestra mejor bienvenida a la ciudad).

La segunda es que salimos al punto de la mañana y volvemos bien entrada la noche, así que no buscamos lujos, sino dormir a gusto.

Dicho esto último, hay de decir que la habitación era amplia y las camas confortables. Nos dieron dos pero bastaba con una para dormir bien, con espacio y abrigados por mantas y edredón.

El aire acondicionado era un chiste, pero lo cierto es que la habitación no estaba fría y tampoco entraba ruido por el aislamiento.

Otra cosa es la bulla que metían las fiestas de estudiantes que se encierran el fin de semana a beber-.

Las sábanas estaban un poco desgastadas, eso sí.

Pero lo peor no eran los desconchones en la pared, los enchufes antediluvianos, los muebles de los ochenta, la tele de los noventa, el polvo de hacía semanas o la moqueta rijosa, sino los pelos que pudimos ver en el suelo del baño que si no eran del anterior inquilino, serían del de antes…

La ducha – el baño era un viaje a los setenta- iba bien de presión (estábamos en el piso 14).

El personal de limpieza era muy educado, pero el día que se les pasó nuestra habitación nos quedamos estupefactos: si no hubiéramos estado hechos polvo nos habríamos quejado.

Lo que nos lleva a la atención en recepción. Fría pero profesional a la llegada y absolutamente descortés y autoritaria a la salida. Allí sacan dinero por todo (wi-fi, maletas,…) pero te tratan como al ganado.

Lo cierto es que pillamos una oferta a muy buen precio (para NY), pero acostumbrados a hoteles europeos (¡y españoles!) consideramos que estar en reformas NO es excusa: hay habitaciones que han de cerrarse al público so costa de perder prestigio. Aunque una vez perdido… En resumidas cuentas, y teniendo en cuenta que podría habernos tocado igual una habitación buena (pero con peores vistas, quizás), es un hotel a NO RECOMENDAR. Porque en temporada alta los precios no justificarían todos sus defectos.”

*Sobre el MoMa el día gratuito (viernes):

“Visitamos el MoMa el día gratuito. Llegamos a la media hora de abrir y vimos una cola que se nos cayó el alma a los pies.

Estuvimos a punto de irnos, pero nos pusimos al final y, para nuestra sorpresa, en poco más de cinco minutos no atendieron, nos dieron un ticket gratuito y para adentro.

La cola para dejar las chaquetas era un poco más larga, pero igualmente eficaz y de trato amable.

Nos llamó la atención no ya la posibilidad de hacer fotos (sin flash y sólo a colecciones permanentes), sino la disponibilidad de wi-fi para animarte a compartir tu experiencia a través de las redes sociales. Aún recuerdo, en comparación, la rigidez del Caixaforum hasta para consultar la agenda offline de tu móvil-.

Había mucha gente, pero no nos molestábamos. Como mucho, la comprensible presencia de grupos de estudiantes de artes ante los cuadros más conocidos. Lo que sí nos epató fue el olor a comida que se escapaba del restaurante a la sala colindante, cuando se supone que los cuadros han de estar protegidos de ese tipo de agresión…”

*Comida en China Town:

El “restaurante” chino era de comida para llevar, pero con mesas para consumir allí. La experiencia de compartir mesa frente a una sexagenaria china y su madre -muy amables- fue un aliciente. Había variedad (no sólo oriental: comimos pastel de zanahoria) y estaba tan bueno como bien de precio. Su nombre (gracias a Google Earth) era Tai Pan Bakery, en Canal St. y lo recomendamos.”

Hasta aquí el relato de esta simpática pareja zaragozana, estoy segura de que os ha gustado tanto como a mí ¿Verdad?

Si habéis viajado a Nueva York y os apetece compartirlo con nosotros, por favor, escribidme a nuria@mynewyorkblog.com

Gracias por leernos,

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